¿Quién morderá a los murciélagos?

Maná se preguntó en dónde jugarán los niños y Molotov cuestionó lo propio con las chicas. A mí, desde hace tiempo, existen preguntas para las cuales no encuentro respuesta. Ante la perspectiva que nos ofrecen nuestras estrellas actuales de rock, existen asuntos que no me dejan dormir: ¿quién destruirá los cuartos de hotel? ¿A quién revivirán los paramédicos con una inyección de adrenalina directo al corazón cuando una sobredosis le quiera arrancar la vida? ¿Quién, por todos los cielos, morderá la cabeza de los murciélagos?

El rock es música, pero también algo más. Desde sus orígenes, se ha erigido como un primo hermano del escándalo. El rock suda morbo, chorrea ríos de amarillismo por cada poro y ésa funciona como la miel que atrae a las moscas. ¿No? Entonces, ¿Porqué Syd Barret es el Diamante Loco, que del reino de la genialidad no volvió jamás? ¿Se ha sacado las costillas Marilyn Manson para autocomplacerse oralmente’ ¿Introducía Jimmy Page pescados en las vaginas de sus grupis? ¿Firmó con sangre Kiss el contrato para producir su historieta?

La respuesta a algunas de estas interrogantes es sí, para otras es no.

Algunas son anécdotas reales y otras se reducen a disparates inventados por gente con más tiempo que cosas qué hacer. Pero todas han contribuido a fortalecer el mito de la estrella de rock como la de alguien con súper poderes sexuales (¿No se ha tirado Gene Simmons a tres mil y tantas mujeres?), que disfruta de la eterna juventud (y si no, pregúntenle a los Rolling Stones), que realiza pactos diabólicos (¿se saben la de Robert Johnson, el guitarrista de blues que supuestamente le vendió su alma al diablo en una encrucijada para que el enseñara a tocar?), cuyo cuerpo es medio de comunicación con otras dimensiones (¿Era Elvis un extraterrestre?) y con la inmunidad para destruir el mundo si le da la gana (o arrojarse a la alberca de un hotel desde un noveno piso, al estilo Charly García). Las rockstars también pueden beber a raudales y experimentar con todo tipo de drogas.

Las estrellas de rock son niños que juegan el más peligroso de los juegos.

Por lo menos solían serlo.

Hoy en día, cada vez son más las estrellas de rock que prefieren ser virtuosos que desmadrosos (Guns N’ Roses llegó a ser la banda más peligrosa de su época mientras que Radiohead parece ser la más influyente de todos los tiempos), y cada vez resulta mucho más rentable ser un niño bueno que un rebelde sin causa. Por ejemplo, a Ozzy Osbourne, Príncipe de las Tinieblas, se le tiene por un viejito decrépito y atolondrado gracias a su reality show mientras que Bono, el santurrón desabrido, hay quienes lo quisieran canonizar. El rock está en crisis.

Existen razones por las cuales las estrellas de rock debieran ser personas mucho más atormentadas, reventadas, extravagantes y nihilistas. Por ejemplo, para que se puedan rodar buenas películas sobre sus vidas, llenas de escenas de sexo, drogas y teorías de la conspiración. Casos concretos: Kurt & Courtney, el documental de Nick Broomfield en donde se acusa a la viuda de haber matado al líder de Nirvana. También Control, la biografía de Ian Curtis rodada por Anton Corbijn, ofrece secuencias memorables sobre los ataques epilépticos del desafortunado cantante y su posterior ahorcamiento. Y qué decir de Val Kilmer cuando en la cinta The Doors, de Oliver Stone interpretó a un Jim Morrison taponado de cocaína persiguiendo a una periodista para cogérsela, desnudo y con la Carmina Burana como telón de fondo.

Tu rock es botar

¿Pero qué es lo que hacen nuestras estrellas de rock hoy en día? Bah, la mayoría nos dicen que nuestro rock es votar (¿Dónde quedó el Anarchy For The UK, caray?) y Moderatto es imagen del Consejo de la Comunicación. Pues entonces si mi rock es votar, bótense todos a la canica. Yo quiero estrellas de rock groseras e impertinentes, que devuelvan sus títulos nobiliarios como protesta (gracias Lennon) y que canten God Save The Queen sobre un barco que traviesa el Támesis mientras la Reina celebraba sus primeros 25 años de ascensión al trono. Dijo John: You may say that I’m a dreamer, pero como completaron los Ramones I believe in miracles.

Hasta Belinda, con quien la banda comandada por Bryan Amadeus grabó un polémico dueto, se vio mas ruda protagonizando un escándalo erótico en Internet al mejor estilo de Tommy Lee y Pamela Anderson, que los mismos Moderatto.

Eso es lo que pasa: nuestros rockeros han perdido el camino y mientras tanto, el pop gana terreno. El Rey del Pop es un alienígena deforma cuyo rostro se cae a pedazos. Guau. Cuánto material para escribir. Y La Princesa del Pop es una junkie redimida, que incluso fue a dar una clínica psiquiátrica.

¿Cuál fue la última banda acusada de incluir mensajes subliminales de corte satánico en sus canciones? Para quien no lo recuerde fue RBD, hace un par de años. Sí, la situación está para llorar.

El Diablo mismo se ha de sentir ofendido mientras Dios se carcajea en las alturas.

Eché un ojo a las páginas en Wikipedia (para fines de este artículo no importa si lo que se dice es cierto o no, lo que importa es que se digan cosas) de algunas de las que podrían ser las estrellas de rock del futuro. Salvo Pete Doherty y Amy Winehouse poco hay de material como escribir una buena novela sobre estrellas de rock.

The Strokes hicieron un buen intento con su afición a la bebida, pero Kings Of Leon hasta cristianos resultaron. Gerard Way, de My Chemical Romance, se esfuerza por serlo con todo ese asunto del maquillaje, los muertos vivientes y las historietas. Pero en términos generales, faltan estrellas de rock en los tabloides. Cada vez son menos las que dan la nota. El terreno se lo están ganando los integrantes de la comunidad de hip hop con sus matanzas, sobredosis y escándalos sexuales y porqué no, hasta los gruperos.

Más de una década dedicado al periodismo de espectáculos me ha permitido seguir de cerca este fenómeno: la decadencia de la estrella de rock como el personaje fantástico, guarro, mágico y estrafalario, adorable y repulsivo. Ya no hay Slashes que coleccionen serpientes y tarántulas ni Lemmys que hagan lo propio con memorabilia nazi.

Cada vez parece más que la estrella de rock del futuro se parecerá más a un ángel que a un demonio. Las buenas conciencias se salieron con la suya. El Diablo nos agarre confesados.

Publicado originalmente en Marvin

Editor de Playboy y Open, autor de varias novelas y libros de cuentos. Comediante de stand up y bebedor ortodoxo de café y cerveza: sin azúcar, crema ni limón.

Editor de Playboy y Open, autor de varias novelas y libros de cuentos. Comediante de stand up y bebedor ortodoxo de café y cerveza: sin azúcar, crema ni limón.