Luis Miguel es el unicornio

En el mercado de los paparazzi, una fotografía de Luis Miguel vale hasta diez veces más que una de Dustin Hoffman.

Así me lo dijo un día Pablo Grosby, fundador de una de las agencias más exitosas de “imágenes indiscretas” de famosos en Estados Unidos.

La razón es muy simple. A diferencia del dos veces ganador del Oscar, que cuando se encuentra con una cámara posa, saluda y hasta se pone a bailar, a Luis Miguel representa toda una hazaña fotografiarlo.

Colegas periodistas cuentan historias de horror acerca de los escoltas del cantante. Unos dicen que los han visto destrozar cámaras fotográficas. Otros, amenazar con hundir las lanchas en las que intentaron –casi siempre infructuosamente– acercarse a las casas de playa de Luis Miguel o a sus yates.

Hay quienes sostienen que los guaruras traen en el bolsillo siempre un espejo con el que reflejan la luz de los flashes para echar a perder los intentos por paparazear a su jefe cuando algún fotógrafo tiene la fortuna de localizarlo de noche.

Avistar un ovni o un unicornio es más sencillo que al intérprete de “Culpable o no”.

Entrevistarlo es virtualmente imposible. Muy pocos periodistas se han podido sentar a platicar con él.

Yo estuve en una de las contadísimas conferencias de prensa que ha ofrecido.

Fue también mi primera cobertura cobertura en el extranjero. Un reducido grupo de reporteros viajamos a Nueva York en noviembre de 2006 a la presentación de su disco “Navidades”.

Pero como suele suceder con el periodismo “del corazón”, la nota que perseguíamos no tenía que ver con su álbum, sino con su vida privada. Semanas antes se había dado a conocer que la actriz Aracely Arámbula estaba embarazada del cantante, que esperaba un varón y llevaría el segundo nombre de su padre.

Durante la cena anterior al encuentro con Luis Miguel, al que asistirían periodistas de diferentes partes del mundo, los mexicanos hicimos apuestas a acerca de quién haría la pregunta sobre su hijo.

Imaginamos que antes de que “El Sol” apareciera en el restaurante de Manhattan donde nos citaron, alguno de sus representantes esgrimiría la amenaza a la que todo periodista de espectáculos termina por acostumbrarse: “a la primera pregunta incómoda que formulen, el artista dará por terminado el encuentro y se retirará”.

Curiosamente los empleados de una celebrity siempre se refieren a ella o él como “artista” y no por su nombre.

Para sorpresa de todos, cuando llegó el momento de arrancar con la conferencia, Luis Miguel se presentó impecablemente trajeado, con el bronceado perfecto, la sonrisa de comercial, cada cabello en su lugar, la mano derecha en el bolsillo del pantalón y dijo en un tono cordial: “buenas noches; sí, es niño y sí, se llamará Miguel”.

Sorprendidos, los reporteros rompimos en carcajadas.

Y empezamos a preguntar sobre su disco de villancicos.

Editor de Playboy y Open, autor de varias novelas y libros de cuentos. Comediante de stand up y bebedor ortodoxo de café y cerveza: sin azúcar, crema ni limón.

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