Fluyan mis lágrimas, dijo el Foo Fighter

Mi madre cumplía años el 31 de diciembre. Siempre le dijimos que si hubiera nacido un día después, sería un año más joven. El último día de 2007 fue también el último que hubiera celebrado. Escribo “hubiera” porque en realidad no había nada que celebrar. El cáncer la cocía por dentro. Llevaba varios meses postrada en la cama y en la familia nos turnábamos para acompañarla por las noches. No dormía ella y nosotros menos.

Ese día por la mañana presentó la última hemorragia. Salimos a toda velocidad rumbo al hospital. En un coche, mis tíos y ella. Y en el mío, yo. Por reflejo más que por gusto encendí el estéreo. Había dejado adentro el disco “One by One”, de Foo Fighters. Comenzó a sonar “Times like these” mientras yo intentaba no perder de vista la camioneta de mi tío, que entonces la hacía de ambulancia. No había tránsito. La ciudad era un pueblo fantasma.

“Soy una autopista de un solo sentido,

soy el que conduce lejos,

y luego te sigue de regreso a casa.

Soy la luz que brilla en la calle

soy una luz intensa que te ciega,

y se apaga sola”.

En el camino comencé a recapitular. Con Dave Grohl como copiloto, volvieron a mi cabeza los últimos dos años. Lo que aprendí de la enfermedad de mi madre. A colocarle el catéter, a limpiarla cuando ya no podía levantarse y comunicarme con ella cuando la enfermedad la obligó enmudecer.

Pensé en su cumpleaños. Estaba seguro que sería el último. Y, maldita sea, lo iba a pasar en un hospital. Recibiría 2008 en una cama helada, con una sonda saliéndole de las entrañas y un séquito indiferente de enfermeras acostumbradas a escuchar los lamentos de los dolientes. Repetí varias veces “Times like these” y pensé en el video en el que al grupo le tiran objetos desde un puente. Primero un televisor, después un auto y al final una cosa que se rompe en cachitos. Pero el grupo sigue tocando. Se mantiene en pie.

“En tiempos así aprendes a vivir otra vez,

Son tiempos como estos en los que das y das, otra vez”.

No había llorado. En dos años no me había brotado una sola lágrima. Tampoco es que lo reprimiera. Sólo estaba muy ocupado. Yendo a comprar morfina, buscando milagros y supercherías religiosas porque en momentos desesperados uno se aferra a los embusteros, intentando encontrar una respuesta. Pero ese día me rompí. Le subí al volumen para que los desgarradores alaridos de Grohl eclipsaran mis propios berridos. Golpeé el volante. Menté madres.

Finalmente, mi mamá entró y salió de urgencias en menos de 45 minutos. Le administraron un nuevo paliativo. Nos recomendaron devolverla a la casa para que sucediera lo que inevitablemente pasaría.

Esa vez no hubo cena de Año Nuevo. Tampoco música, risas o viandas. Pero cuando menos, mi madre la pasó en la casa de mi tía, en la que transitó por ese tormento inhumano hasta que por fin Caronte la ayudó a trepar en su barca el 2 de marzo del año siguiente.

Marzo. Ese mes siempre se siente como un aguijón en el pecho. Por eso a veces me quiebro cuando, como anoche, Grohl arranca un concierto de tres horas con “Times like these”. Lo bueno que es que había llovido. Entonces mis lágrimas se confundieron con las del cielo. Porque esa canción siempre me obliga a volver al 31 de diciembre de 2007.

Aunque la Tierra haya girado en 15 ocasiones alrededor del sol, el estruendo de una guitarra y una vez me siguen recordando lo frágiles que somos. Pero, de pie en lo que parece ser el último coletazo de una pandemia, aunque quizá no lo sea, me inunda un necio optimismo.

“Soy un nuevo día despuntando,

soy un cielo nuevo,

para colgar las estrellas

esta noche.

Me siento en una encrucijada,

¿Debería quedarme o alejarme corriendo…

y dejar todo atrás?”

Poco después de la muerte de mamá un afortunado accidente (en otro momento explicaré por qué) me dejó sin automóvil. Desde entonces no he vuelto a tener uno. Me deshice de todos mis discos compactos. Incluido el “One by one”. Ahora sólo escucho música en streaming o en vivo.

Prefiero por mucho lo segundo.

A los Foo Fighters siempre, excepto los 31 de diciembre.

En tiempos así, aprendes a vivir otra vez,

en tiempos así, aprendes a amar otra vez…

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Editor de Playboy y Open, autor de varias novelas y libros de cuentos. Comediante de stand up y bebedor ortodoxo de café y cerveza: sin azúcar, crema ni limón.

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Arturo J. Flores

Arturo J. Flores

Editor de Playboy y Open, autor de varias novelas y libros de cuentos. Comediante de stand up y bebedor ortodoxo de café y cerveza: sin azúcar, crema ni limón.