El día que Eddie nos preguntó qué canciones cantar

Contesté el teléfono de la Redacción. Era Chico Migraña. Entonces él trabajaba en Ocesa y yo, en Esto.
— Los güeyes de Pearl Jam van a dar una conferencia de prensa– para un metalero de cepa como él, referirse a unos símbolos del grunge no necesariamente era algo honroso –creo que es la segunda vez en la vida que lo hacen y sólo nos están dando chance de invitar a 20 medios.
El Esto, con todo y que la mayoría de los jefes de prensa nos ninguneaban entonces, por ser sepia y ser para el barrio, estaba considerado.
Tampoco recuerdo por qué me tocó cubrirlo a mí. Mario Rojas definitivamente era el reportero, pero heme ahí al día siguiente, pasando los múltiples filtros del hotel Four Seasons, entrando por la cocina, dejando firmas en decenas de cuadernos de registros y atravesando incluso un detector de metales. Como si fuera a ver a un jefe de estado y no a una banda de rock.
Éramos pocos sí. Malmirados por pandrosos –a mí la melena me llegaba a los hombros y mis tenis amenazaban con desintegrarse al siguiente paso– por los guardias de seguridad. Creo que ahí estaba Natalia Cano y también Jorge Caballero. Puede ser que Habacuc Guzmán y Gamaliel Luna, Alberto Castillo y no sé quién más. Olallo Rubio igualmente estaba por ahí. Merodeábamos nerviosos alrededor de la mesa donde estaban las botellas de agua, el café y las galletas. No teníamos sed, pero sí ansias. En la pantalla se repetía al puro Método Ludovico el video de I Am Mine, en el que por primera vez después de una década a rehusarse a hacerlo en un clip, los músicos de Pearl Jam aparecían tocando.
— La neta sí ando emocionado — me dijo Habacuc.
Yo también. Todos lo estábamos, porque entonces sosteníamos una competencia salvaje por formular la mejor pregunta. Eran días en las que conferencias de prensa servían para hacer periodismo y el periodismo sería para algo.
Una hora después, con el retraso acostumbrado de este tipo de celebraciones, al salón que esa vez nos quedó grande a los 20 reporteros, llegaron los integrantes de la Jalea de Perlas. Sin trajes de diseñador, con la actitud de quien se acaba de levantar y guarda suficientes millones en la cuenta de banco como para vestirse a su completo antojo, de jeans y camisa de franela. Sonrientes, apacibles. Eddie Vedder a la cabeza, con una carpeta llena de papeles bajo el brazo y una taza humeante de café en la mano.
Era 2003, un año después a la publicación del Riot Act. Las interrogantes versaron sobre eso y sobre la demora, la deuda que Pearl Jam mantenía con México por no habernos visitado antes.
Al final, cuando Ocesa ya nos daba las gracias, fue el cantante, la taza de café terminada, quien abrió su carpeta, tomó una pluma y nos preguntó: “¿saben qué canciones podríamos tocar en los conciertos (tres que daría en el Palacio de los Deportes) que los fans quieran escuchar?”.
El griterío fue ensordecedor. Hubo quien dijo Jeremy, pero también Animal. Tal vez yo grité Porch. Recuerdo que Olallo hizo de sus manos una concha y vociferó: “¡Hunger Strike!”
Vedder escribía todo apurado.
Cuando llegó el día de Pearl Jam en México, el primero de los tres, el 17 de julio, nos reunimos otras vez los reporteros, esta vez en el claustrofóbico palco de prensa, donde se va mal y se escucha peor, cuando Eddie salió al escenario ya no con un café, sino una botella de vino y la euforia de la gente era tan incontenible, que en algún momento nos dijo algo como: “Has esperado 11 años por esto, puedes esperar un poco más… ¡1, 2, 3, 4!”.

Editor de Playboy y Open, autor de varias novelas y libros de cuentos. Comediante de stand up y bebedor ortodoxo de café y cerveza: sin azúcar, crema ni limón.

Editor de Playboy y Open, autor de varias novelas y libros de cuentos. Comediante de stand up y bebedor ortodoxo de café y cerveza: sin azúcar, crema ni limón.