Chamín Correa: “Un día, a Bill Haley se le enfermó el guitarrista y yo toqué con él”

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Sus dedos no se saben estar quietos. Cuando platica, en la intimidad de su hogar, continuamente tiene que encender un cigarro, darle tres buenas caladas, y jugar con él, llevándola de una mano a la otra y de ellas al cenicero, aunque no haya copete de ceniza con él.

“No concibo a un músico que no fume”, dice Chamín Correa. Le gusta el cognac también, pero aclara, es un bebedor social, no uno más de los que han sucumbido los placeres de la bohemia.

–¿Por qué es usted músico?

–Iba a ser arquitecto, como mi papá. Pero mi padre estudió música y tocaba varios instrumentos, por hobbie. Yo, desde los cinco años, aprendí a tocar la guitarra ya nunca la solté. Mi abuelo, Enrique Pérez de León, fue el primer Juez de la Nación, pero también tocaba la guitarra.

–¿Cuántos instrumentos toca, Chamín?

–Antes, un poco de piano, algo de violín, ¡y todas las guitarras que quieras!

–¿Alguno que no se le haya dado?

–El arpa. De plano, la dejé.

–En las fotografías que adornan su casa, nunca aparece un Chamín Correa tocando una guitarra eléctrica.

–¡Pero la toco, y me fascina! Toqué rock, blues y jazz con orquestas, cuando estuve viviendo en Estados Unidos.

–¿Por qué no está peleado con el rock, si se dice que el rock sepultó a los tríos?

–En cierta medida, es verdad. El rock es una corriente y se acepta, porque la juventud la viene empujando. Es más, antes que los tríos, en los 40, ya existía algo de rock. Pero el rock llegó tarde a México, hasta los 60. Desplazó a nuestra música romántica; pero es natural, así son las épocas. Cuando se terminó la época del chachachá y el mambo, terminó la de los tríos también.

–¿Ha escuchado heavy metal?

–Claro que sí. Me gusta Wes Montgomery, Jimi Hendrix y Johnny Smith. Pero el rock pesado no me atrajo mucho, creo que el heavy metal lo escuché en la radio, por casualidad. Déjame te cuento que cuando Bill Haley (creador de Rock around the clock) estuvo en México, toqué con él. Un día, se le enfermó el guitarrista y como yo también estaba en el teatro Cervantes, me ofrecí a ayudarlo.

–¿Una guitarra con distorsionador es una guitarra ultrajada?

–De ninguna manera, sólo son estilos diferentes. Me agradan los efectos que se usan con el rock pesado. Ahora mismo estoy haciendo un disco con mi hijo y los guitarristas le meten pedales, delay, chorus, guaguá y no me desagrada.

–Como músico, ¿es indispensable estar abierto a la tecnología?

–La mayoría de los guitarristas de mi generación son enemigos de lo nuevo. A mí, me agrada. Adoro las guitarras mezcladas con sintetizadores.

–¿Cuáles son sus tres guitarristas preferidos, ajenos a los tríos?

–Jimmi Page, Jimi Hendrix y Paco de Lucía.

–¿Tiene discos de ellos en casa?

–Sí, pero ignoro cuántos. Tengo discos en mi casa, en casa de mi hermana, en todos lados. Cajas y cajas de discos.

–¿Cuál sería el más raro?

–El de un cuarteto, The Four Freshmen, al que escuché cuando estuve en el ejército de Estados Unidos. Muchos de los arreglos que hice cuando formé parte de Los Tres Caballeros tienen influencia de los Freshmen, pretendía imitar sus voces con mi guitarra.

–¿Cómo mantiene en forma los dedos?

–Tocando. Antes, le dedicaba entre 8 y 10 al estudio de la guitarra, como si trabajara en una oficina. Ahora sólo le dedico dos al día.

–¿Nunca ha temido padecer artritis, como a los cantantes les atormenta perder la voz?

–La mayoría de los guitarristas no sufrimos de nada de eso, quizá por el ejercicio. Me parece que Héctor González, de Los Tres Ases, tienen un problemita, pero en general no lo sufrimos.

–¿Practica algún tipo de ritual antes de salir a tocar?

–Ensayar las escalas y persignarme.

–Cuando toca, ¿qué porcentaje lo hace con el corazón y qué porcentaje con el cerebro?

–Yo diría que una cuarta parte es la técnica y tres cuartas partes, lo que llaman “feeling”.

–¿Cuántas guitarras tiene?

–Más de 50.

–¿Y hay consentidas?

–Sí, tengo una que es para el trabajo; o sea, para presentaciones en vivo, y otra, de sonido muy exquisito, que únicamente utilizo para grabar en estudio. Con esa hice la trilogía de discos de José José con tríos.

–¿Les pone nombre, como hacía B.B. King?

–Hasta ahorita, no. Jimi Hendrix también las bautizaba.

–¿Compone muy a menudo?

–Sí, incluso gané algunos concursos, pero tengo que reconocer que no soy muy prolífico. No se me da mucho la composición.

–¿Le envidia alguna canción a un colega?

–¡Las envidio todas! “Te extraño”, de Manzanero, se me hace una obra de arte de construcción melódica. “Con los años que me quedan” y “Cómo han pasado los años”, con temas que yo hubiera querido haber escrito.

–¿Cuál es la canción que toca solo para usted?

–“As time goes by”, de la película “Casablanca” es el gusto que me doy cuando toco sólo por placer.

–¿Hay alguna que nunca le salió?

–Hay que sabérselas todas. Yo aprendí a trabajar de mesa en mesa y había que estar preparado para lo que el cliente nos pidiera. Si no te la sabías, la inventabas, y el señor se paraba a cantar, había que seguirlo.

–¿Qué artista lo ha conmovido más en vivo?

–David Brubeck, el jazzista. Cuando vino a México, buscó a un guitarrista de aquí que lo acompañara, así que me hizo una audición en el Hotel del Prado, el mismo que se cayó después con el temblor. Me dio mucha emoción y nervios, pero me quedé.

–¿Qué hace con sus manos cuando no tienen una guitarra en ellas?

–¡Híjole! Antes tenía un pasatiempo, armar avioncitos. Hice cientos, desde modelos muy primitivos, hasta algunos de motor. También soy un coleccionista de figuras de elefantes.

–¿Y nunca quiso volar un avión?

–Por supuesto. Como era residente en Estados Unidos, me llamaron a las filas del ejército y me tocó estar en la Fuerza Aérea. Nunca fui a combatir ni pasé de ser un soldado principiante, pero sí me enseñaron a volar aviones de un solo motor. En aquel entonces, era sólo en un pizarrón, porque ni inglés sabía yo hablar. Pero después conocí a un muchacho que me enseñó a pilotear, aunque nunca volé sin su supervisión. Hicimos muy buena amistad, porque a él le gustaban la guitarra y las canciones. Vivía en Nueva Jersey y yo, en Nueva York.

–¿Cuál es la serenata más memorable que dio con Los Tres Caballeros?

–Era una costumbre hermosa, lástima que ya no se utilice. En una ocasión, cuando todavía nadie nos conocía, unos tipos muy bien vestidos nos llevaron en su carro a darle serenata a una muchacha. Cuando llegamos, hasta el papá de la novia acabó felicitándonos. Después nos llevaron a otra casa, muy lejos, allá por las Lomas, y los muchachos se arrancaron en su carro, dejándonos sin paga. ¡Hasta los estuches de las guitarras se llevaron! Nos tuvimos que regresar caminando.

Lo bueno fue que yo me aprendí la dirección de la primera casa, donde vivía la muchacha. Sí que al otro día fuimos a ver al papá y le contamos lo que nos había pasado. El señor nos pagó y nos ofreció una disculpa. Pero además, nos dijo: “Les agradezco mucho que me hicieran ver que ese muchacho no era para mi hija”. A la distancia, creo que para el chavo debe ser una buena anécdota: “Yo dejé botados a Roberto Cantoral, Chamín Correa y Leonel Gálvez”.

22 de enero de 2004, Esto

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